En un rincón de los Himalayas encontré las respuestas de mi vida y de la humanidad. Mi viaje a India empezó en busca de algo personal y se volvió algo mucho más grande. 

 

-India te da exactamente lo que necesitas- le dijé a una de las alumnas que se enfermó de la famosa ‘Delhi Belly’ en mi tercer mes viviendo y trabajando en una escuela de yoga en Rishikesh al noreste del subcontinente índico en el estado de Uttakharand.

India es, como muchos dicen, increíble. En cada sentido es un país que no tiene comparación. Mi experiencia, fue solo una pequeña esquina del vasto territorio indio pero el sabor que me dejó India, siempre regresa a mí con solo cerrar los ojos.

 

Yo diría que India es una combinación perfecta de bien y mal, de riqueza y pobreza, de espiritualidad y superficialidad, de blanco y negro, de sonrisas y tristezas; India es el balance perfecto entre naturaleza y humano.

 

Mi visita a India empezó con planes de 1 mes para realizar una certificación como maestra de yoga, no me esperaba vivir los siguientes cuatro meses de mi vida como una ‘local’ más.

Mi pequeño pueblito en la ciudad de Rishikesh, se llama Laxman Jhula y es tierra sagrada para muchos seguidores hinduistas del dios Shiva, destructor del universo y profeta original del arte de la yoga.

Rodeado de templos en forma de pastel de Disney color naranja, Laxman Jhula es mejor conocido como la capital del yoga donde cada esquina es un hotel-escuela a donde llegan docenas de alumnos al mes listos para entrar en un viaje de espiritualismo a través de las enseñanzas sagradas del yoga.

 

Estudiar yoga en la cuna donde todo nació no es un acercamiento fácil para un ‘western’ sino un golpe de realidad alterna en la que no siempre encajamos. Vi a mucha personas rendirse y huir del país indio sin darle 48 horas. La prueba no es la escuela o el yoga, es la supervivencia y aceptación en una cultura tan diferente a la nuestra.

 

India es colores, sonrisas, vacas, amor y amabilidad. Esta repleto de gente curiosa pero interesada en ayudar. Hay muchas cosas que contrastan como la pobreza, la falta de higiene y los caminos mal hechos pero todo funciona como un caos que los indios ya conocen muy bien. En India la vida no se detiene por nada.

Las personas son más ligeras, en cuanto a posesiones y también en su forma de ser. No se toman las cosas personales y es muy facil sacarles una sonrisa después de cualquier enojo. Son caritativos entre ellos y su sentido de familia es ejemplar. Se apoyan, se protegen y perduran en un mundo donde los valores de unión esta muy manchados por la individualidad del ser humano.

 

Con lo que me quedo de India no son sus hermosos atardeceres, su río sagrado Ganges que corre desde la punta de los Himalayas, con los puentes llenos de personas, vacas y motos cruzando a la vez, con sus calles sucias y mojadas aun sin ser temporada de lluvias. No me quedo con los hermosos bosques donde rondan elefantes salvajes, con los pequeños puestos de deliciosas samosas y rottis; no me quedo con los majestuosos templos de Shiva, Ganesh, Parvati y Sanuman. 

 

Me quedo con lo que India me hizo sentir, ver y encontrar, dentro y fuera de mí. Me quedo sobre todo con esas personas de esa cultura tan profunda, espiritual y llena de amor que me hicieron sentir que yo podía tener, dentro de mi, todo el amor del mundo. Me quedo con la gente que conocí en cada esquina dispuesta a ayudar. Me quedo en el India que me cambió la vida y me hizo una mejor persona. Me quedo con la idea, al cerrar los ojos, de que estuve en el paraíso terrenal.

 

Regresó en mi recuerdo a cuidar a la niña enferma en la escuela de yoga y oigo mis palabras diciendo segura -después de India, nada, nunca, volverá a ser igual.

 

 

C*

Ruta Puuc
por Pamella Chiang
Detalle en el Cuadrángulo de monjas
Detalle en el Cuadrángulo de monjas

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Mascarón de Chaac
Mascarón de Chaac

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Piramide del Adivino en Uxmal
Piramide del Adivino en Uxmal

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Detalle en el Cuadrángulo de monjas
Detalle en el Cuadrángulo de monjas

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En un rincón del mundo

Experiencias de viajes de Claudia César

 

Ruta Puuc – Impresionante e Indispensable

 

Estoy obsesionada. Totalmente obsesionada con la civilización antigua Maya.  No sé de donde viene esta obsesión porque yo nací en Yakarta, vivo en Singapur, y mis bisabuelos vinieron de China. No tengo ningunos familiares latinos.
Hace un año fui a la península de Yucatán por 10 días y visité 12 ruinas.  Me fascinan las leyendas y las historias de la gente Maya. Al visitar las ruinas, me imaginé la lucha de los Mayas contra los Conquistadores y pensaría que los Mayas opusieron mucha resistencia y nunca fueron completamente sometidos por los españoles.  
Si se le pregunta a los turistas cuál es la ruina más famosa de la Cultura Maya en México, cada dos de tres dirían Chichén Itza o Tulum.  Aunque me impresionaron muchísimo las dos, para mí, la visita a las ruinas de la ruta Puuc es la experiencia más preciosa de este viaje. En la ruta Puuc se encuentran Uxmal, Labná, Kabah, Sayil, y Xlapak. Cambié mi plan en el último momento para ver estas cinco ruinas.  Sacrifiqué una noche del hotel y pasé muy poco tiempo visitando Mérida.  Pero, sin duda, valió la pena. 
Cuando visité los yacimientos antiguos, lo que destacó para mí son los valores estéticos y las leyendas sobre el lugar.  En este contexto, ¿qué pienso en las cinco ruinas?  Pues, cada una tiene su arquitectura especial.  En general, se ven más detallitos en el estilo de la ruta Puuc.  En estos yacimientos el Dios de la lluvia, Chaac, era la figura más venerada. La civilización Maya en esta zona dependía de la lluvia.  Se representaba a Chaac con una cara en forma de rectángulo y nariz gigante en casi todas las esquinas de los edificios.  Su veneración a Chaac era crucial para su sobrevivencia.  

 

No todas las visitas a lugares históricos tienen que ser serias.  A veces, será bueno interpretar algo en una manera graciosa. En Labná, si se mira cuidadosamente, se encontrará una sorpresa en el fondo del gran Palacio.  Hay un viejo condenado (lo llamo así pero de verdad, nadie sabe el significado de su presencia). Me parece que lleva todo los pecados de la humanidad (bueno, por lo menos de los habitantes anteriores de Labná), en sus hombros.

 

Además, no se puede hablar de la ruta Puuc sin hablar de Uxmal.  De acuerdo a mi opinión, Uxmal es el abuelo de todas las ruinas. Tiene pirámides grandes, elegantes palacios, y detalles increíbles. En  la pirámide del Adivino se veían cinco fases de construcción que representan diferentes épocas en la civilización Maya.  El Cuadrángulo de las Monjas es impresionante por sus muros de celosía, su representación de Chaac y Quetzalcóatl (la serpiente emplumada), y su templo dedicado al planeta Venus. Hay una leyenda del enano de Uxmal;  El enano se hizo Rey de Uxmal después de derrotar al Rey anterior en tres retos, y el primer reto era construir la pirámide en una noche.

 

Cada templo ó ruina que visité en la ruta Puuc aún están dentro de mi mente y mi corazón.  Espero que no se los pierdan en su próximo viaje a Mérida, Yucatán.   

Si te interesa leer más de las ruinas, he escrito sobre mi viaje en mi propio blog, RoaminJuliet. Espero que le guste.

ALMA LATINA

Por Pamella Chiang@roaminjuliet

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En un rincón de los Himalayas
por Claudia César